Un grupo de mujeres que pertenecen a otra generación previa a las nuestras, y nos muestran cómo repetimos patrones y experiencias. Nos lanzan sus "si pudiese..."; "que no repetirían", "donde le dedicaría más tiempo en la vida"
_______
Dentro de ese individualismo y egoísmo del que tanto me quejo a día de hoy, allí estaban ellas, esa generación en extinción. Detrás de aquellas enormes cristaleras de la cafetería, ajenas a lo que estaba pasando en el mundo en ese momento. Formaban grupos por mesas, unos de cuatro mujeres, otros de cinco u ocho, reunidas cada una con sus amigas con cara de disfrute. He de reconocer que tal como es todo, me refiero a la sociedad, la amistad, hay pocas cosas en esta vida que me paren en seco para practicar la observación, un gran deporte que deberíamos realizar con más frecuencia, y os aseguro que aun a pesar del caos, la prisa, el ir en piloto automático, los pesares, la soledad, la queja,el dolor tatuado que llevamos casi todos en el cuerpo, aun así, si observamos más a nuestro alrededor, nos daríamos cuenta de que aún existen momentos lindos de los que deberíamos practicar, sólo fijándonos en nuestros mayores, y para ser más precisa, en la mujeres mayores.
Me quedé unos segundos frente al ventanal, ignorando todas ellas que las observaba, y mientras miraba esas caras de interés las unas a las otras en lo que se contaban, se contagiaban las risas, se tocaban las manos o el brazo para enfatizar el relato y todas con atención máxima, (otra de las carencias de hoy en día, la gente cuando cuenta algo el otro u otros participantes de la conversación ponen alrededor de un 10 % de atencion), lograron dejarme fascinada, madre mía, todavía hay gente que se reúne, se cuentan tantas cosas y se escuchan… Esa situación sacó en mí una amplia sonrisa que duró bastante rato. Cuando llegue a casa me entraron ganas de estar allí con ellas, porque creo estar segura de algo, aunque son generaciones diferentes a la mía, o mucho me equivoco o esas sensaciones , vivencias y sentimientos de mujer son muy parecidos aún vividos en épocas diferentes, y me pica tanto la curiosidad de que me cuenten sus experiencias.
Así que volví a esa cafetería unos tres días más y me di cuenta que se reunían siempre las mismas mujeres.
Y esa curiosidad por conocer sus historias , su manera de sentirlas, la huella que les ha dejado la vida y lo que han aprendido, a parte de darme el placer inmenso de escucharlas, me apetecía plasmarlo por escrito para compartirlo con un grupo de mujeres ( vosotras mis queridas lectoras)), para que nos demos cuenta que aun a pesar de pertenecer a generaciones diferentes hay patrones que se repiten y quizás os sirvan, a mi me han servido para entender y aceptar cosas que nos ocurren en la vida, y en vez de dramatizar situaciones, nos enseñan a canalizar, y eso en sí ya es un logro enorme en nuestras vidas.
Una vez animada, me dirigí a la cafetería y me acerqué primero al grupo más pequeño. Estaba emocionada y nerviosa, no sabía si querrían contarme sus vidas y lo peor, no sabía si lo harían delante de sus amigas, al fin y al cabo todos tenemos secretos, y por otro lado en un tiempo se convertirían en mis primeras lectoras, contar todo lo vivido les pondría en riesgo de que sus amistades y demás compañeras del bar se enterasen de su vida al completo.
Me presenté y les pedí permiso para sentarme, y fuí al grano. Tras contarle que quería escribir un libro sobre ellas, se emocionaron, seguramente por esa sensación que viven a esas edades de que son invisibles al mundo. Al explayarme la cosa empeoró un poco, pero ya me lo imaginaba. En su época, donde todo no se podía compartir con las amigas, por el que dirán a quien se lo contaran, las convirtió en mujeres herméticas con su propia vida.
Yendo al grano, os resumo en qué situación está mi hazaña, es decir el libro.
Algunos días me reúno con ellas en la cafetería, voy de mesa en mesa por ratos, me han acabado, entre comillas, por adoptarme casi todas. No todas han querido hablar de su vida, otras sí, y les importa un rábano que lo lean las demás y algunas se han animado a contar anécdotas. Eso sí, me ha tocado acudir a casa de cada una de las participantes a ratos. He engordado más o menos unos cinco kilos, bien porque me ponen la merienda, o un "quédate a comer hija"… así ocupo parte de su tiempo porque viven solas y francamente también lleno parte del mío.
Me he convertido, en la hija adoptiva, a la que le cuentan toda su vida sin pelos en la lengua ( cosas que les encanta hacer a las personas mayores), yo tomo nota sin parar, y nos hacemos compañía mutua. Me sorprende cómo han llevado su vida, y me identifico en muchas cosas, estoy aprendiendo tanto... Con 50 años casi, estoy viviendo una de las experiencias más gratificantes de mi vida.
Y visto como está la sociedad actual, nadie llama, nadie queda, pues la vida me ha regalado unos seres humanos increíbles, con las que paseo, voy al cine, como, meriendo, ceno o me voy a tomar algo con ellas, sean participes o no de libro.
A falta de madre, porque falleció, y mis tías que tampoco están, buenas son mis maestras, mi club de las maestras. Y ahora no me siento tan huérfana, y recibo más amor del que pudiese imaginar.
Si por casualidad te sientes sola en esta vida, sólo puedo aconsejarte que te acerques a mujeres como ellas cerca de donde vivas, que las escuches (que les hace mucha falta), o bien porque tienen maridos inexistentes, o están viudas o divorciadas, o porque sus hijos ni las visitan o no tienes hijos... aprenderás mucho de la vida, también te sentirás acompañada, escuchada y querida. Y sin darte cuenta, formarás parte de un regalo de la vida, el que les das y el que te darán.
Y ahora sí,. Queridas mías es su turno de hablar…, contarme su vida, será un placer para mí ser todo oídos, escribir sin paraR cada un de sus momentos.
EMILIA
Si he de hacer una definición rápida de ella, pues que no he conocido mejor persona que Emilia, raudales de bondad y fuerte como un roble aunque su apariencia diga lo contrario.
—¿Preparada?—le pregunté con una sonrisa en la boca a mi primera protagonista.
Emilia estaba nerviosa, nunca se sabe uno dónde va a acabar este libro, si estrellado o exitoso y sobre todo hay cosas que tiene pinta de que le van a incomodar recordar.
Tiene ya 78 años, mucha vida recorrida, me ofrece una silla y se sienta a mi lado mientras toma un café para merendar con un trozo de sobao pasiego, adora esta burgalesa esos sobaos, mientras yo la acompaño escribiendo en el portátil, con un bloc de notas al lado, “pa por si”. Pelo corto cómo la mayoría de las mujeres de su edad, teñida de rubio ceniza, y con su sonrisa tatuada todo el tiempo, de piernas delgadas, la parte superior del cuerpo más redondita y ya encorvada.
La mesa redonda de patas labradas no es lo más cómodo, se nota que tiene buenos muebles, lo suyo le habrán costado, está divorciada desde hace muchísimos años y su ex marido ya murió, Esta es la parte o mejor dicho el personaje del que más le va a costar hablar, de su maltratador.
Tiene tres hijas, dos fuera de esta ciudad y una aquí, pero tampoco la ve mucho por su trabajo, su hija Sara vive en un pueblo cercano a la ciudad, pero viaja casi todos los días, y el fin de semana tampoco la ve porque está haciendo su vida. Alguna llamada cae, pero verse… Lo que se dice verse,, a lo mejor una vez cada tres meses. Tiene dos nietos, pero tampoco los ve mucho porque viven fuera, así que su refugio actualmente son sus amigas.
La otra parte que le resultará difícil de hablar es de la soledad, esa que llega si o si cuando cumples una edad, y te acompañará hasta el día que dejes este mundo.
Está nerviosa, pero contenta a la vez, sabe que vendré a verla para tomar nota de su vida en este libro y que también charlaremos fuera de él, incluso una vez acabado el libro, me convertiré en hija adoptiva, será mi consejera fundamental en la vida y estaré a su lado en lo que nos quede de vida juntas.
¿A quién no le gusta contar su historia empezando por su niñez?.
Su cara esboza luz cuando habla de su madre y su hermano, que se apaga rápidamente al recordar a su padre que cayó enfermo y murió, más o menos relata cuando debia tener unos 10 años.