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Maquina de escribir

Actualizado: 8 jun


©Más de mil palabras


MÁQUINA DE ESCRIBIR

Valientes aquellos que utilizaban la máquina de escribir, unos por tema laboral, otros por ser escritores noveles o profesionales, también los estudiantes para hacer trabajos que entregar a tiempo, etc.

Es cierto que intervenía la práctica, pero el margen de error estaba siempre ahí en menor o mayor grado. Y el hecho de equivocarse salía a veces caro...

El tiempo no jugaba a su favor teniendo que repetir una o varias páginas, eso conllevaba la fuga una dosis de paciencia en la fase de inspiración, y para aquellos que esta era necesaria, también se alejaba con facilidad cada vez que había que hacer corrección.

Valientes aquellas manos que tenía que volverse inagotables al esfuerzo del tecleo, con la obligación de ir al compás del pensamiento o del dictado de algún miembro.

Valientes aquellos que transcribieron libros para algunos, textos para otros...aguantando el sonido del tecleo placentero al principio y que acababa en sonido del infierno.

Y hoy, estás máquinas de escribir en antigüedades se convirtieron, en un clásico que admirar en museo o en casa de algún abuelo, guardadas para el recuerdo. Con sus teclas desgastadas, llenas de trabajo y esfuerzo. Que sin embargo no guardan nada de lo escrito como recuerdo.

Que los manuscritos, textos, archivos que salieron con su tecleo no se saben dónde están y a donde fueron.

Esas máquinas de escribir robustas y de gran peso. Que para algunas familias era un lujo tener eso. Que cuando llegaba una a casa era la fascinación de todo los miembros, el poder entregar trabajos antes en el colegio, y el mancharte de tinta los dedos.

Todo un señor aparato que se quedó obsoleto, cuando los ordenadores decidieron que era hora de su destierro.


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